¿Qué es el AOVE?

En esencia, el significado de AOVE corresponde a las siglas de Aceite de Oliva Virgen Extra. Es decir, el zumo de aceitunas del que se obtiene el aceite de oliva de mejor calidad que se puede conseguir. 

Por si te preguntas cómo y quién regula esta denominación, solo hace falta referirse a las cifras: La Unión Europea es el mayor productor de este manjar tan apreciado y es el responsable del 69% de la elaboración mundial. 

 

A destacar entre todos los países de la UE a España. Entre 2015 y 2020, en promedio, representó el 63% de toda la producción de la UE, con una media de 1,3 millones de toneladas anuales. Por tanto, tiene todo el sentido que la legislación europea intente proteger este producto, desde su origen, hasta su distribución, definiendo las diferentes categorías de aceites de oliva y sus características, garantizando así su calidad.

Como ya os explicamos anteriormente en el artículo Tipos de aceite de oliva, de entre estas categorías, el AOVE es la de mejor calidad ya que, desde un punto de vista organoléptico, no tiene defectos y es afrutado. Además, su acidez no supera el 0,8 %.

El AOVE en la cocina

Esta categoría de aceite de oliva es rico en vitaminas y antioxidantes, por lo que la recomendación inicial sería utilizar el AOVE tal cual, en crudo. De este modo, se ingieren los nutrientes en la forma más correcta para aprovecharlos al 100%.

Además, al ingerirlo en crudo, conseguiremos disfrutar de todo su sabor tanto en aliños para ensaladas, salsas, gazpachos y cremas como en esos platos de carne o pescado a la plancha que elaboramos en nuestra cocina de cada día. En estos casos, cuando el alimento esté listo para servir, lo rociaremos con un chorrito de AOVE crudo para realzar y culminar su sabor.

 

Pero es que la versatilidad del AOVE no termina aquí, ya que también resulta apropiado en fritos o guisos ya que puede alcanzar temperaturas de 180 ºC sin que se altere su estructura, conservando todas sus propiedades.

Propiedades del AOVE

Las evidencias científicas sobre los beneficios del AOVE cada vez son más claras. La dieta mediterránea, que incorpora el aceite de oliva como uno de sus más preciados manjares, ha contribuido a la mejora de la esperanza de vida de los habitantes del sur de Europa, ha mejorado su longevidad y el bienestar de las poblaciones de españoles e italianos, principalmente.


En concreto, el AOVE muestra propiedades antiinflamatorias y ayuda a adelgazar gracias a una sustancia saciante que se forma en el intestino, a partir del ácido oleico, llamada oleiletanolamida. También contribuye a la reducción del colesterol total y aumenta las tasas de colesterol bueno (HDL). Contribuye a la regulación de la presión arterial, al control de la glucosa y, consecuentemente, al de la diabetes. Asimismo, su consumo se asocia a un menor riesgo de sufrir cáncer de mama, Alzheimer y fracturas óseas.

¿Qué debemos tener en cuenta al comprar AOVE?

Lo primero, aun siendo obvio, es fijarse bien en que esté etiquetado como Aceite de Oliva Virgen Extra. La etiqueta, además, debe informar de la fecha de consumo preferente, que es la fecha en la que el envasador nos garantiza que se mantienen todas las propiedades del producto. El aceite de oliva no caduca pero, una vez pasada esta fecha, no obtendremos todas las propiedades saludables ni el sabor y olor serán lo que debieran.

 

La etiqueta debe llevar también información nutricional, aunque ésta no es muy relevante puesto que la comparativa entre aceites de oliva vírgenes, muestra cantidades similares de grasas.

 

El etiquetado puede mostrar también, aunque no es obligatorio, la fecha de cosecha que, como veremos en artículos que publicaremos próximamente en este blog, es muy importante pues nos da una idea clara de la frescura del AOVE que compremos. Cuanto más fresco, mejor.

 

Por último, la etiqueta puede proporcionar información muy relevante sobre aspectos importantes. Por ejemplo: 

 

DOP (Denominación de Origen Protegida) que recoge los productos de una determinada región, que están protegidos por una normativa de la Unión Europea que garantiza el cumplimiento de unos requisitos superiores a los exigidos para el resto de productos.

 

IGP (Indicación Geográfica Protegida) Con estas siglas se identifica de una forma oficial, que un producto es originario de un lugar determinado o una región. Por ejemplo IGP Jaén, que identifica el AOVE que se produce en la provincia de Jaén y que, como sabiamente se indica en su información general, aúna una historia, una cultura, una gente y un aceite que posee unas cualidades determinadas y una reputación que pueden atribuirse a su origen geográfico. El Consejo Regulador garantiza la calidad de todo el AOVE de la provincia de Jaén.

 

Huella de carbono. Esta información, sin ser obligatoria, empieza a tener relevancia puesto que representa el volumen total de gases de efecto invernadero (GEI) que producen las actividades económicas y cotidianas de las empresas involucradas en la elaboración del AOVE, agricultores, envasadores, transporte, etc.

 

Habría otras informaciones interesantes para el consumidor, como la producción ecológica. Bajo esta denominación, también llamada biológica u orgánica, se nos dan a entender el compromiso del productor en conseguir un producto que debe armonizar un sistema de gestión y producción agroalimentaria que incluya las mejores prácticas ambientales, junto con un elevado nivel de biodiversidad y de preservación de los recursos naturales. Todo ello, sin dejar de cumplir la normativa vigente. 

 

Por lo tanto, es más que recomendable, leer las etiquetas con calma, en busca de este tipo de sello que nos dé una idea de la frescura del producto, su origen y el compromiso de productor/envasador, en ofrecernos un producto de la mejor calidad.

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